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19 de April de 2014
 
 
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SOLEMNIDAD DE CORPUS CHRISTI PDF Imprimir E-mail
Como “eco” de las celebraciones pascuales, retomando ya el llamado “tiempo durante el año”, la liturgia nos invita a celebrar diversas solemnidades del Señor, todas ellas generalmente durante el mes de Junio.
Así celebramos las Solemnidades de la “Santísima Trinidad”, de “Corpus Christi” y del “Sagrado Corazón de Jesús” .
Vamos a detenernos a reflexionar especialmente en la celebración de “Corpus Christi”  y el culto a la Eucaristía.

Un poco de historia...
A fines del siglo XIII surgió en Lieja, Bélgica, un Movimiento Eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón fundada en 1124 por el Obispo Albero de Lieja. Este movimiento dio origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi.

Santa Juliana de Mont Cornillón, por aquellos años priora de la Abadía, fue la enviada de Dios para propiciar esta Fiesta. Desde joven, Santa Juliana tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre anhelaba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haber intensificado por una visión que tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.
Juliana comunicó estas apariciones a Mons. Roberto de Thorete, el entonces obispo de Lieja, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos y a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Lieja, más tarde Papa Urbano IV.
El obispo Roberto se impresionó favorablemente y, como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; al mismo tiempo el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan escribiera el oficio para esa ocasión.
 
Mons. Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez al año siguiente el jueves posterior a la fiesta de la Santísima Trinidad. Más tarde un obispo alemán conoció la costumbre y la extendió por toda la actual Alemania.

El Papa Urbano IV, por aquél entonces, tenía la sede en Orvieto, un poco al norte de Roma. Muy cerca de esta localidad se encuentra Bolsena, donde en 1263 o 1264 se produjo el Milagro de Bolsena: un sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la Consagración fuera algo real. Al momento de partir la Sagrada Forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando en seguida el corporal. La venerada reliquia fue llevada en procesión a Orvieto el 19 junio de 1264. El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia, fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés (en muchos países se ha trasladado la celebración al domingo siguiente). Luego, según algunos biógrafos, el Papa Urbano IV encargó un oficio -la liturgia de las horas- a San Buenaventura y a Santo Tomás de Aquino (dentro del cual se incluye el himno del “Tantum Ergo”); cuando el Pontífice comenzó a leer en voz alta el oficio hecho por Santo Tomás, San Buenaventura fue rompiendo el suyo en pedazos.

La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y, en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. En 1317 se promulga una recopilación de leyes -por Juan XXII- y así se extiende la fiesta a toda la Iglesia.

Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV.
Finalmente, el Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento.

Liturgia y culto a la Eucaristía
La fiesta del Corpus Christi inspiró nuevas formas de piedad eucarística. Entre ellas la procesión  eucarística: extiende la celebración de la Eucaristía de modo que el pueblo cristiano «da testimonio público de fe y de piedad hacia el Santísimo Sacramento». Por tanto, la Iglesia nos exhorta a que cada año vivamos con particular fervor la solemnidad del Corpus Christi con la tradicional procesión.

Adoración eucarística
La reserva del Cuerpo de Cristo para la comunión de los enfermos llevó a los fieles a la costumbre de recogerse en oración para adorar a Cristo realmente presente en el Sacramento conservado en el sagrario. Recomendada por la Iglesia a los Pastores y fieles.
La ‘Adoración Eucarística” se expresa, según la tradición de la Iglesia, de diversos modos:
- La simple visita al santísimo Sacramento reservado en el sagrario: breve encuentro con Cristo.
- La adoración ante el santísimo Sacramento expuesto, según las normas litúrgicas, en la custodia o en la píxide, de forma prolongada o breve.
- La denominada Adoración perpetua, las ‘Cuarenta Horas’, u otras formas que comprometen a toda una comunidad eclesial.

La Adoración Eucarística y otras devociones particulares...
Nos dicen los documentos de la Iglesia:
“Durante la exposición, las preces, cantos y lecturas, deben organizarse de manera que los fieles, atentos a la oración, se dediquen a Cristo, el Señor. Para alimentar la oración íntima, háganse lecturas de la Sagrada Escritura con homilía, o breves exhortaciones, que lleven a una mayor estima del misterio eucarístico. Conviene también que los fieles respondan con cantos a la palabra de Dios. En momentos oportunos debe guardarse un silencio sagrado”
“Ante el Santísimo Sacramento, expuesto durante un tiempo prolongado, puede celebrarse también alguna parte de la Liturgia de las Horas, especialmente las Horas principales; por su medio las alabanzas y acciones de gracias que se tributan a Dios en la celebración de la Eucaristía se amplían a las diferentes horas del día, y las súplicas de la Iglesia se dirigen a Cristo y por él al Padre en nombre de todo el mundo”
La carta apostólica Rosarium Virginis Mariae (del Papa Juan Pablo II) nos ha ayudado a superar una visión del Rosario como oración simplemente mariana, para valorar su sentido eminentemente cristológico: contemplar los misterios de Cristo con los ojos y el corazón de María, en comunión con Ella y a ejemplo suyo.

Bendición eucarística.
Las procesiones y adoraciones eucarísticas se concluyen ordinariamente, cuando está presente un ministro ordenado (Obispo, presbítero o diácono), con la bendición con el Santísimo. Mientras que, los demás ministros (no sacerdotes) o personas encargadas de la exposición, una vez terminada, reservan el Santísimo Sacramento en el sagrario. “Se prohíbe la exposición hecha únicamente para dar la bendición”
Procesiones eucarísticas
La procesión eucarística por las calles de la ciudad terrena ayuda a los fieles a sentirse pueblo de Dios que camina con su Señor, proclamando la fe en el «Dios con nosotros y para nosotros» (cf. Redemtionis Sacramentum, 142-144, Directorio piedad popular, 162-163). Esto vale sobre todo para la procesión eucarística por excelencia, la que se realiza en ocasión de la celebración del Corpus Christi.

Es necesario que en las procesiones se observen las normas que garantizan la dignidad y la reverencia hacia el Santísimo.

Congresos eucarísticos
Signo de fe y de caridad, manifestación especialmente particular del culto eucarístico, los congresos eucarísticos “se han de mirar como una statio, a la cual alguna comunidad invita a toda la Iglesia, o una Iglesia local invita a otras Iglesias de la región o de la nación, o aun de todo el mundo para profundizar juntamente el misterio de la Eucaristía bajo algún aspecto particular y venerarlo públicamente con el vínculo de la caridad y de la unidad” (De sacra communione, 109). En nuestra Patri, los Congresos Eucarísticos se celebran cada diez años. En el año 1984 la Argentina fue sede del Congreso Eucarístico Internacional.
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